Ellas, además, tienen que ser guapas

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Os propongo un ejercicio muy fácil. Escoged un programa de televisión con muchos colaboradores y buena audiencia, tipo Zapeando o El hormiguero. Separad a los tíos de las tías y analizad cada grupo: edad, físico, estética, secciones que realizan… todo lo que se os ocurra.

Y ahora, las preguntas clave: ¿qué edad tienen ellas? ¿y ellos? Creo que ninguna pasa de los 30 y poco, en cambio en los hombres no hay límite aparente ¿Y el físico? A ver, pensemos, Pilar Rubio, Anna Simón, Cristina Pedroche, Marta Hazas, y por otro lado Miki Nadal, Marron, Jandro, el monaguillo… En cuanto al vestuario, la ropa informal no vale para todos, son claramente necesarios los escotes, las minifaldas y los tacones para aparecer en un programa.

Dejando a un lado la apariencia, vamos a centrarnos en su función y personajes que interpretan. Las secciones de Rubio, Simón y Hazas en la mayoría de las ocasiones son sobre moda, cosas del hogar, mantenerse en forma, maternidad, etc. y el resto de secciones llevadas por ellos son de magia, ciencia, experimentos y humor ¿Hay una clara diferencia no?

Pero en todo hay excepciones, también están las que “no son guapas pero son graciosas”. Son todas esas mujeres con unas habilidades impresionantes para comunicar, grandes genias del humor, que no cumplen con todas las características estéticas deseadas.

Aunque es cierto que la belleza más bien depende del gusto de cada uno, hay una opinión general que se asimila de dos maneras. La forma directa a través de los comentarios en los demás medios y en las redes, por ejemplo usar “la fea de las gafas” para referirse a Ana Morgade. O la forma sutil con la ausencia total de comentarios positivos sobre su cuerpo, cuando en el caso de sus compañeras las aprobaciones sobre su físico son constantes.

Ahora podéis pensar “pues como los hombres, que no son guapos y están ahí” o “hay muchos muy graciosos que son muy feos”, y sí, es cierto, pero el problema está en la proporción. En ellos no existe la idea de “es feo pero gracioso” porque nunca lo van a valorar por su físico. Mientras (en su mayoría) son de muy diferentes edades, algunos tienen barriga, otros canas, o tienen los dientes torcidos, o son calvos o muy bajitos, es decir, no encajan con el ideal de hombre guapo o “tío bueno”, ellas sí tienen que entrar en ese canon. Ahí reside el problema real, hacia las mujeres hay una doble exigencia: físico y habilidades comunicativas.

Esto no es solo culpa de los productores, responde también a la actitud del público. Las monologuistas reciben críticas más duras, aparte de haber muchas menos. En el caso de tener un marido conocido se nombra a menudo, como sucede con Ana Pastor y Silvia Abril, restándole protagonismo. Se cuestiona cómo han llegado a su puesto, cosa impensable en los hombres. En definitiva, una lista interminable de pensamientos arraigados en la mente de todas las personas y que refleja la doble vara de medir que inconscientemente usamos con ellas y ellos.

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