Para la mayoría de la gente hay una pregunta obligada cuando habla con una embarazada: ¿qué va a ser, niño o niña? Esta pregunta es la prueba de que, en nuestra sociedad, el sexo determina el camino de una persona desde antes de nacer.
Las marcas de género son, simplificando, esas diferencias de trato que reciben las criaturas en función al sexo: nombre de niño o de niña, agujeros en las orejas a los pocos días de nacer, ropa de un determinado color, apelativos cariñosos diferentes, decoración del cuarto de cierta temática, etc.
No se puede negar que se ha hecho una lista de cosas que son para niñas. Unas directrices producto de una sociedad machista que procura marcar todas las diferencias lo antes posible. No vamos a encontrar a una madre ni a un padre que le pongan pendientes a su hijo Manolito, tampoco le van a decorar el cuarto rosa con mariposas, no le van a regalar muñecas para que las peine y las maquille porque corre el peligro de salir maricón eso es de niñas. Es impensable que le dejen el pelo largo para ponerle un lazo o trencitas.
Todas estas evidencias prueban una vez más que hay una división entre hombres y mujeres. El problema está en el resultado de esa educación. Los roles de género se aprenden mediante la socialización. Por mucho que dentro de la casa una familia haga los máximos esfuerzos por dar una educación igualitaria o feminista, no puede enfrentar la presión del entorno. Todas las personas tienen que asumir su responsabilidad y dejar de contribuir en la educación de machos violentos y princesas indefensas.

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