Desde el punto de vista occidental, tendemos a pensar que nosotras, como «estamos más liberadas», tenemos que «enseñar» a estas «pobres mujeres» cómo liberarse. El problema está en que muchas veces, sin intentar empatizar, se ejerce mucha presión para que se quiten el velo de pronto, ahora, ya, cuando realmente no existe una integración previa que las anime a hacerlo.
Para que podáis sentir algo parecido: imaginad que vais a un país de vacaciones donde nadie lleva la parte de arriba del bikini, absolutamente nadie. Y tú lo has llevado siempre, te sientes incómoda sin él, no te gustan que te miren. Puedes elegir entre dos opciones:
1) llegas y todo el mundo te mira raro por llevar esa prenda, toda la playa te observa sin disimular siquiera. La gente con la que vas se agobia y te insiste: «pero si no pasa nada», «vas a estar más cómoda», «eso es muy incómodo y aquí nadie lo lleva», «te lo han impuesto», «es una imposición patriarcal, el pecho no tiene nada de malo».
2) nadie te dice absolutamente nada, todo el mundo obvia que vas con un atuendo diferente al resto, no te miran raro. Poco a poco tú te sientes bien, y con el tiempo eliges quitártelo, quitártelo a ratos, o no quitártelo, todo es aceptable.
¿Queremos que las mujeres rompan con sus ataduras? Por supuesto, pero todas las mujeres sin excepción: de oriente, de occidente, de cualquier raza y religión, de cualquier edad y clase.

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